Colaborar para sobrevivir

mayo 3rd, 2007 by genisroca

Los arqueólogos que trabajan en los orígenes de la humanidad datan los restos fósiles con un margen de error de varios miles de años. Desde esta perspectiva macro de las cronologías, el momento actual presenta una novedad radical: somos la primera generación en la historia de la humanidad en la que el padre aprende del hijo. Están confluyendo al menos dos novedades determinantes: por un lado una mayor esperanza de vida que hace que los padres ya no fallezcan a los 30 o 40 años de edad (como sucedía a principios del siglo XX) sino a los 80 o 90, con lo cual el hijo convive con el declive del padre. Por el otro, la curva exponencial de la evolución tecnológica que hace aparezcan cambios radicales en brevísimos períodos de tiempo. A nuestros abuelos les cuesta seguir el ritmo de la telefonía móvil, a nuestros padres les cuesta entender las cónsolas de videojuego, y a nosotros nos costará entender quizá la realidad virtual, o lo que sea que nos depare el futuro más inmediato. Sea lo que sea, serán nuestros hijos quienes nos ayuden a entenderlo, igual que nosotros ayudamos a nuestros progenitores a programar el video o a configurar el tono de llamada del móvil.

Por otra parte, el mercado laboral valora cada vez más un conjunto de habilidades y recursos que en muchas ocasiones el hijo no puede conseguir basándose sólo en el padre. El padre le puede enseñar un oficio, o incluso le puede facilitar contactos, pero difícilmente le va a enseñar a manejar ingentes cantidades de información y de fuentes de información, y a utilizar recursos tecnológicos de nueva generación, y a dominar un segundo o un tercer idioma, etc. Y lo que es peor, el resto de sistemas sociales para formar a nuestros hijos tampoco parecen ser demasiado eficaces en este sentido. No está claro que esos recursos (tecnología punta, redes sociales de información, etc) se resuelvan correctamente desde la escuela o la universidad. En este contexto, los hijos perciben un mensaje inherente: la competitividad, la empleabilidad, la supervivencia en última instancia, depende de técnicas y habilidades que es más fácil aprender entre iguales, entre pares, que con padres y/o profesores.

Creo que ahí hay uno de los ejes (no el único) en el que se basa ese movimiento social colaborativo que se ha etiquetado como Web 2.0. Surge una generación que basa su conocimiento y su aprendizaje en la colaboración. El que comparte y distribuye información se convierte en un nodo valorado por la red. Es útil. El que bloquea la información no es util y la red lo rechaza. Si la red te rechaza quedas fuera del circuito de información y de conocimiento y pierdes valor, competitividad, empleabilidad… probabilidad de sobrevivir. En esta generación-red sólo el hijo de papá que ya tiene la vida resuelta se puede permitir el lujo de no ser colaborativo.

Volviendo al símil de la arqueología: En parámetros de macro-historia una tecnología es relevante en la medida que altera la manera en que uno consigue su sustento. La tecnología lítica permitió mejorar las técnicas de caza y manipulación y mejoró las posibilidades de supervivencia a sus usuarios. La tecnología neolítica consistió en la domesticación de ciertas especies, tanto vegetales como animales. El que aprendió a gestionar un cultivo o un rebaño mejoró sus posibilidades de alimentarse y de sobrevivir. Y así sucesivamente con el hierro, el vapor, la electricidad, la informática y ahora la red… todas estas tecnologías han alterado la manera en cómo los humanos (o algunos de ellos) logran el sustento para sobrevivir. Pero si hasta ahora nuestros padres nos podían enseñar a criar ovejas, a plantar cebada, a forjar el hierro o a tejer el lino… ya no son igual de útiles cuando se trata de desarrollarse en esta sociedad de la información, de relacionarnos con personas de diferentes países e idiomas mediante la telemática, y tampoco cuando se trata de cambiar de oficio (no de empresa, sino de profesión) cada cinco años, y tampoco cuando se trata de gestionar la incertidumbre como un activo y no como un problema, o cuando se trata de vivir on-line las 24 horas del día. Los padres nos transmiten valores, que no es poco, pero para el resto cada vez nos pueden ayudar menos tanto padres como profesores, y sólo nos podemos basar en los compañeros. De ahí al peer-to-peer y a un nuevo modelo social: O colaboras o mueres.


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