La tecnología es una milonga

octubre 4th, 2014 by genisroca

milonga

La tecnología es una milonga. Eso es lo que necesitan creer, o entender, muchos directivos para lograr superar los tiempos que se avecinan.

Porque en el fondo la piedra filosofal que transforma los tiempos que se nos avecinan no es sólo la tecnología, sino sobre todo la actitud. Hay quien cree que dispone de los elementos necesarios para reinventarlo todo, para atreverse a todo; y por el contrario hay quien vive estos tiempos con la sensación de que llega tarde, que todo es muy complicado y que está superado por los acontecimientos.

Hay quien aprovecha las actuales posibilidades y va incluso más allá de las normas, lucha, provoca, explora, muerde, inventa. Y por contra hay quien resiste, aguanta, protege, conserva, mantiene. Los primeros tienen ventaja ya que el actual entorno les aporta constantemente más y más munición: nuevos dispositivos, nuevos recursos, nuevas herramientas, nuevos contextos: un terreno abonado para todos aquellos dispuestos a reconsiderar las maneras de hacer. Los negocios siempre se han basado en trasladar una oferta a una demanda, o en saber detectar una demanda y proponer una oferta. Y para eso hacía falta un cierto control o de la oferta o de la demanda. Y de repente aparecen nuevas maneras de vertebrar tanto lo uno como lo otro.

AirBnB o Uber son una nueva manera de armar la oferta, de construir el catálogo. Lo que hubiera dado el inventor de AirBnB por poder gestionar las habitaciones de los hoteles Hilton del mundo. Lo que hubiera dado el inventor de Uber por poder disponer de los taxis de Barcelona. Lo que pasa es que al gestor de la cadena Hilton no se le ocurrió pensar como al inventor de AirBnB. Y al responsable de una empresa de taxis de Barcelona no se le ocurrió pensar como al inventor de Uber. Partían de marcos mentales distintos. Unos tenían ganas, muchas ganas, y los otros estaban acomodados, muy acomodados. O se sentían protegidos por alguna ley. Y la nueva tecnología disponible permite cosas a los que tienen ganas. Como las hubiera permitido a los acomodados si hubieran tenido ganas. Pero es difícil buscar comida obsesivamente cuando estás saciado, eso es más propio de los hambrientos.

Lo digital no depende de si eres capaz de adoptar una determinada tecnología –no tengo ninguna duda de que la cadena Hilton tiene mejor tecnología, y más cara, que AirBnB–, depende sobre todo de si eres capaz de abordar el problema desde otra perspectiva. Y esa otra perspectiva depende de si eres capaz de dar otro rol al que hubiera sido tu cliente (o tu proveedor), de si eres capaz de escalar sin construir una organización compleja (y distribuir tareas y negocio también fuera de tu entorno), de si eres capaz de reunir un grupo de gente dispuesto a reconsiderarlo todo (incluido el marco normativo si es necesario). No depende de la tecnología. Depende de la cultura.

Lo digital es cultural. De ahí que el cambio sea tan serio, y tan inaccesible para algunos (pese a tener mucho dinero, o mucha necesidad).

Cambios en las formas de acceder a la cultura audiovisual: de productos a interacciones

septiembre 19th, 2014 by genisroca

Visual404: Nuevos VisionadosVisual404 es un interesante espacio de reflexión y análisis sobre todo aquello que tenga relación con lo audiovisual. Alejados de los circuitos comerciales, observan y exploran la cultura audiovisual con rigor, criterio y personalidad, huyendo de la ortodoxia y sin miedo. Una de sus últimas aventuras ha sido preparar un dossier que han titulado Nuevos Visionados en el que varios autores reflexionan sobre como la tecnología está modificando las maneras de acceder, usar y consumir la cultura audiovisual. He sido uno de los afortunados invitados a participar en este ejercicio, y ésta ha sido mi aportación:

 

De productos a interacciones

El artista prepara su obra y cuando considera que la ha terminado la exhibe ante su público. Este ha sido el procedimiento más habitual en todo aquello relacionado con la expresión artística. El poeta prepara sus versos y luego los eleva a públicos. El cineasta filma y monta los planos, y luego los exhibe. El pintor retoca su óleo, y cuando lo acaba lo expone. Producir y luego mostrar. Y al mostrarlo, se entiende que la obra está acabada, terminada. El proceso de creación es más o menos íntimo, y al finalizarlo se expone la obra al juicio del público, el cual muestra su consentimiento o su desagrado. Los críticos opinan, los mercados valoran, las audiencias premian, y para que todo esto suceda hay un proceso de intermediación entre el artista y la audiencia, que es la distribución. Las distribuidoras y las salas en el caso del cine; las galerías y los museos en el caso de la pintura; las discográficas y los conciertos en la música; las editoriales y las librerías en la literatura. Con muchísimos matices, pero esta ha sido la estructura básica del proceso durante siglos. El artista crea, el intermediario distribuye y la audiencia consume. En este esquema el papel de la audiencia es el de espectador, mientras que el rol de creador se reserva para el artista. Yo creo algo, tu lo recibes.

Este es el funcionamiento típico en las industrias orientadas a producto. Lo importante es el proceso de producción y su distribución. Al extremo, es lo mismo tanto si haces una película como si haces una moto. Diseñas un producto y decides si va a ser para una gran audiencia o para una minoría, de dónde se deduce cuál va a ser el presupuesto y cómo la distribución. Una película para las masas, al estilo Hollywood, o una película de pequeños circuitos. Una Honda scooter para la ciudad, o una GasGas que sólo conocen los amantes del trial. Se parece tanto, que muchos diseñadores de motos se consideran artistas. Con razón.

Pero algo está cambiando. Con lo digital la audiencia abandona su rol de mero espectador y toquetea la obra, aunque su autor no quiera. Truca la moto, le cambia el tubo de escape y el sonido del motor es radicalmente distinto. Corta secuencias, captura fotogramas, mezcla, vuelve a montar, distribuye y exhibe. La obra expuesta ya no es un icono a admirar, sino materia prima para la siguiente obra que gracias a la tecnología disponible cualquiera pude pretender hacer.

Ya hay quien cuenta con ello. Crea sabiendo que su obra será modificada, y eso revoluciona todo el proceso creativo. No pretendo que mi versión sea la única: espero nuevas versiones. Deseo nuevas versiones. El éxito es que alguien quiera hacer su propia versión. Si fuera software sería código abierto. Si fuera diseño industrial sería publicar los planos, y no sólo exhibir la pieza. Si es cine es ofrecer los planos descartados por si quieres hacer otro montaje. Te enseño mi obra, pero te ofrezco las piezas por si quieres hacer la tuya a partir de ella. Y eso es aceptar que la audiencia también tiene genio creador, y que no va a ser un mero espectador.

Es una filosofía de vida. Apple diseña para evitar que puedas manipular y modificar sus dispositivos. Considera que los empeorarías. Ferrán Adriá publica sus recetas, y le parece perfecto que juegues con ellas. No te obliga a catarlas sólo si es él quien las cocina. Es más, cree que sobre esa base vas a hacer cosas que quizá le enseñen nuevos caminos.

En arte también hay quien hace obras cerradas y considera que si las toqueteas sólo puedes empeorarlas, y se protege contra ello. Pero cada vez hay más artistas que quieren, desean, necesitan que te incorpores a su trabajo. Ese segundo tipo de artista necesita saber de ti, qué haces, cómo avanzas, qué te interesa. Incluso puede que intente hablar contigo, que busque tu opinión y que idee formas para hacerte partícipe de sus procesos de creación. Es una forma tan distinta de crear, que pide que las formas de distribuir también sean nuevas, y por supuesto también las de monetización. Cambia la manera de ser creador, cambia la manera de ser espectador. Ambos son creadores y ambos son espectadores. ¿Quién es el propietario de qué?. ¿Quién debe pagar a quién?.

Tradicionalmente el análisis de la obra suele hacerse a partir del genio creador y su proceso creativo. Cuáles fueron sus motivaciones, sus impulsos, sus inspiraciones y sus influencias. Los porqués de su obra, los mensajes que quería hacernos llegar, lo que quería hacernos sentir. El creador y su obra suele ser el centro de la acción creativa: lo importante es la producción. Hay mucha teoría sobre cómo se hace el arte, y bastante menos sobre cómo se disfruta. El rol importante es el del creador, no el del espectador. El espectador es anónimo, el artista es célebre. Queda claro quién ha sido el importante hasta la fecha.

Pero las audiencias son cada vez más importantes, y lo valioso es conocerlas e interactuar con ellas. Las empresas de producto se orientan a la producción. Las empresas de servicios se orientan a quién pretenden servir. Las primeras lo saben todo de cómo se hace el producto, y trabajan duro para mejorarlo (y protegerlo). Las segundas lo saben todo de su audiencia y trabajan duro para mezclarse con ella (y hacer cosas juntos). También hay artistas orientados al control del producto y artistas orientados a la interacción con su audiencia. De momento sólo los primeros son masivos, y los actuales modelos de distribución y de negocio sólo les sirven a ellos. Y recurren al marco legal para protegerse ante la evidencia de que la audiencia ya no considera válidos esos modelos. Pese a la ley, la gente coge su obra y la manipula y distribuye como le viene en gana.

Hay un nuevo tipo de artista que considera que lo mejor que le puede pasar a su obra es que la manipules y la distribuyas. Es el mejor síntoma de que han conseguido interesarte o emocionarte. Te has implicado. Y en ese contexto el principal activo es conectar con esa audiencia capaz de implicarse en aquello que te mueve. Falta poco para que los museos ya no se definan por su fondo artístico, sino por la ciudadanía que son capaces de congregar. El principal activo de una discográfica en Barcelona debería ser que conoce a los amantes de jazz de la ciudad, en lugar de un armario repleto de grabaciones.

Este nuevo modelo no pretende sustituir al anterior. Seguirán habiendo superproducciones tanto en cine como en música o teatro. Y por mucho que se quejen de aquellos que les manipulamos y distribuimos como nos viene en gana, siguen ganando dinero porque se han espabilado y exploran nuevos modelos comerciales. Lo que me interesa, y mucho, es como esos nuevos artistas más colaborativos idean nuevos modelos de financiación de sus proyectos, de distribución de su obra y de interacción con sus audiencias, al margen de los circuitos ortodoxos ya que éstos sólo funcionan para lo masivo.

 

 

Cuatro años no es nada, y así nos va

agosto 6th, 2014 by genisroca

Hace ya casi cuatro años que comparecí ante la Comisión de Industria, Comercio y Turismo del Congreso de los Diputados para opinar ante sus señorías sobre el despliegue de las redes de alta velocidad en España. Cuatro años. Y revisando el video de esa intervención creo que si me volvieran a llamar volvería a repetir más o menos lo mismo, dado que la situación es más o menos la misma sólo que cuatro años más tarde, y por lo tanto más preocupante.

Imagen de previsualización de YouTube

Soy del parecer de siempre acudir cuando te llama un gobierno, sea del color que sea, y de acudir con ganas de aportar y de ayudar. Pero también soy de los que cree que raras veces va a servir de algo, y mucho me temo que esa comparecencia no sirvió de nada. Ya en ese momento escribí un post, y se puede leer la transcripción íntegra de lo ahí dicho en este PDF, pero insistiré y reproduciré los principales puntos ahí expuestos aunque de nuevo no vaya a servir de nada:

  • Hablar de redes de alta velocidad no es hablar de infraestructuras tecnológicas, sino hablar de servicios básicos para la ciudadanía. Hablar del despliegue de redes es hablar de las condiciones de entorno necesarias para la transformación social y empresarial.
  • Las redes y lo digital están transformando radicalmente tanto modelos sociales como económicos, y es clave de competitividad para el desarrollo del país. El futuro consiste en hiperconectividad a tiempo real. Redes distribuidas de conocimiento accesibles en movilidad y en línea.
  • Lo que hoy consideramos redes de alta velocidad mañana serán a duras penas servicios mínimos básicos. Antes de una década necesitaremos un ancho de banda de 1Gb por segundo en los hogares. Hablar de Alta Velocidad es engañoso, porque no hablamos de un servicio premium, sino de obtener la velocidad necesaria para desarrollarnos social y económicamente.
  • La explotación de las redes de cobre se está alargando en el tiempo sobre la base de un interés económico, pero el desarrollo de ancho de banda significativo debería responder a una agenda de interés nacional, es un tema de desarrollo de país y de desarrollo de ciudadanía.
  • El acceso a la red Internet equivale al acceso a la red eléctrica. El operador eléctrico discrimina mi acceso sólo en función de la potencia. Y eso es la neutralidad de la red: podemos discutir el caudal, pero no los usos.
  • El acceso a una potencia razonablemente alta debe tener un precio razonablemente bajo.
  • Las infraestructuras de red son de interés estratégico nacional y su desarrollo no puede depender de políticas comerciales de los operadores.
  • El Estado fija tarifas, coberturas y calidades mínimas en el servicio eléctrico y debería hacer lo mismo en Internet. El Estado debe garantizar la calidad y neutralidad de los operadores, auditar el servicio y publicar los resultados.
  • Los operadores deben garantizar la neutralidad del servicio comprometiéndose a ello en el clausulado del contrato que firma con el usuario.
  • Lo que hoy llamamos redes de alta velocidad deberá ser el servicio al que cualquier ciudadano debería acceder a un precio realmente módico, porque de ello va a depender su salud, su trabajo, su formación, su participación en lo público y su desarrollo social.

 

El mundo digital potencia los negocios

agosto 1st, 2014 by genisroca

20140801_023156No hace mucho el periodista Marc Rovira me hizo la siguiente entrevista para el periódico “L’Econòmic”, que reproduzco (traducida) con su permiso, aunque he decidido obviar algún párrafo que me presentaba ya que considero que en este blog no es necesario. Se puede acceder al texto completo en este enlace.

 

“El mundo digital ha venido para potenciar los negocios”

 

Ha sido escogido como uno de los 25 personajes del Estado español más influyentes de Internet. ¿Qué ha hecho para merecerlo?
Supongo que alguna cosa habré hecho, pero me cuesta un poco entrar en este tema.

Su empresa muestra un salto exponencial en poco tiempo (en 6 años ha consolidado un equipo de 40 personas y ha registrado un crecimiento anual sostenido del 45%).
Sí, però se trata de un mérito de equipo, no de un mérito sólo mío. Si me cogen como un representante de una empresa sí que estoy más cómodo, pero como mérito personal no lo acabo de ver. En RocaSalvatella no somos una consultoría tecnológica, somos una consultoría de negocio. Creemos que la clave para hacer crecer los negocios y sacarlos adelante es entender correctamente qué es todo esto digital que está pasando. Presumimos de saber acompañar a las empresas y a sus directivos en este aprendizaje y en la toma de decisiones que pide el mundo digital. Debemos hacernos cargo de que el territorio digital es un territorio joven que incluso frikea un poco. Nosotros apostamos por presentarnos en este entorno digital con una visión de experiencia y formalidad, que hiciese sentir a los empresarios un poco más cómodos. Porque al final esto es muy disruptivo y los empresarios necesitan tener confianza en aquel que les está explicando que todo cambia.

Hace poco, en la presentación de un estudio sobre datos masivos (big data), usted dijo que en este sector hay que trabajar con rigor porque hay mucha pirotecnia y posibilidades de hacer el memo. ¿Esta manera de explicar las cosas facilita la transmisión del mensaje?
Siempre hemos dicho que no es necesario usar anglicismos para explicar lo que estamos haciendo: se puede explicar en nuestro idioma y con un lenguaje comprensible. A menudo el tema digital y tecnológico se esconde bajo siglas y argot, y esto crea una barrera cuando quieres comunicar y que te entiendan. ¿Porqué hemos de hablar de engagement si lo que quieres decir es que el cliente se implique más?

Triunfa bastante el win win.
Los profesionales del sector digital y tecnológico, igual que los publicistas, siempre hemos estado un pelín eufóricos con la última novedad y esto atolondra y estresa a quien tiene la misión de tomar decisiones que afectan a un grupo de empleados. Por eso se agradece encontrar a alguien del mundo digital que te sepa acompañar en la toma de decisiones, que lo haga con naturalidad y explicando indicadores de negocio. A nosotros nos funciona trabajar así y el mejor piropo que recibimos es cuando nos dicen: “Es la primera vez que hablo con alguien de tu oficio y lo entiendo todo.”

¿El uso de tecnicismos o anglicismos puede ser un recurso para etiquetar un fenómeno o una herramienta que no acabamos de saber cómo explicar?
Cuando todavía te lo cuentan en inglés significa que aquello todavía está empezando. Vamos tirando en inglés porque al principio es un concepto y ese concepto se traduce en un término que trabaja como una marca. Por ejemplo, hablas de smart cities para referirte a una nueva capa de servicios en las ciudades. Cuando lo desarrollas ya no es suficiente un sólo término, ya tienes que explicar en qué consiste. El otro aspecto importante es la métrica. Los profesionales digitales son expertos en incorporar nueva métrica a los negocios.

A ver…

Los negocios siempre han tenido una métrica y no por la llegada de lo digital debe cambiarse. Cuando trabajas para una compañía aérea, tu indicador válido no puede ser el número de fans o de seguidores en redes sociales, sino que el indicador de tu negocio será el número de maletas perdidas o el número de billetes vendidos. No hay ninguna razón para cambiar la métrica y el indicador de negocio es el indicador de siempre. Que no vengan a cambiártelo.

¿El paradigma de negocio es inmutable?

El paradigma no cambia. Acompañamos a las empresas en la transformación del negocio sin variar el cuadro de indicadores. Si el cuadro de indicadores es el número de cajas de cerveza vendidas, éste es el que se ha de preservar porque es con este con el que se pagan las nóminas a final de mes. Hay mucho profesional digital que para justificar su trabajo se inventa una nueva métrica y añade indicadores al negocio. Si se busca la eficacia del negocio, la métrica ha de ser del negocio. O aumento de ventas o reducción de gastos, indicadores de toda la vida.

¿A menudo los otros indicadores son humo? Por ejemplo, en las redes sociales hay vías y maniobras para aumentar de manera ficticia el número de seguidores.
Quizá no son humo, pero en último extremo hay un directivo que tiene una responsabilidad y que no está obligado a entender estos indicadores. Imagina que estás en una fábrica de calzado deportivo. Que el responsable de redes sociales tenga como objetivo tener un elevado número de fans es innegable, pero el director general de la compañía el indicador que quiere y valora es el de notoriedad de la marca, reputación de la marca o número de unidades vendidas. Si eres capaz de conseguir un aumento en el número de fans y un aumento en las ventas o en el prestigio de la marca, fantástico. Pero el número de fans es un indicador intermedio. A mi no me expliques el indicador intermedio, explícame tu contribución al indicador de negocio.

¿En alguna situación y de manera circunstancial se puede priorizar un indicador secundario a costa de sacrificar el primario?
No me parece razonable. Un negocio, sea multinacional, sea pyme o microempresa, tiene tres o cuatro indicadores claros: número de ventas, nivel de gasto, nivel de conocimiento de la marca y atributos que transmite la marca. Siempre debemos ir a repercutir en favor de uno de estos vectores. I si sacrificamos uno será a costa de maximizar los otros, pero no para beneficiar un nuevo vector digital que nos acabamos de inventar. Por ejemplo, una empresa puede renunciar a beneficios a cambio de mejorar los atributos de la marca y puede optar por hacer donaciones a causas sociales. ¿Pero reducir los beneficios para tener más fans en las redes sociales?

Visto así parece ridículo, sí.
El mundo digital ha venido para potenciar los negocios, se instala sobre aquello que la empresa ya está haciendo. Lo digital es una oportunidad. Potencia aquello que eres o quieres ser. Si eres tonto, con lo digital puedes ser supertonto, y si eres un delincuente puedes ser un gran delincuente. Si eres buena persona, con lo digital puedes ser muy buena persona, porque si te gusta ayudar con las herramientas digitales puedes ayudar a un montón de gente.

Dice que las herramientas digitales potencian el negocio. ¿Son válidas para todos los negocios?
Sí.

Pensaba que diría que no, que si uno es propietario del taller mecánico de un pequeño pueblo no necesita el canal digital porque le puede suponer una pérdida de tiempo.
Mucha gente confunde lo digital con las redes sociales, pero no tiene nada que ver. Ese taller mecánico puede que no necesite Facebook para nada, pero si ese mecánico busca un recambio para un Seat 600 del año 64 o una bujía para un Simca 1000 del año 69, sin Internet no sé como lo logrará. El digital no es sólo un canal para vender, es un canal para encontrar nuevos proveedores y nuevos materiales, es un canal donde aprender y puede ser un canal para financiarte.

¿Es necesario tener un bagaje previo para saber ver las oportunidades de negocio?
Tiene ventaja quien ha entendido muy bien la tecnología, quien se ha formado ya adaptado a esta tecnología. El que llega a un negocio con una base tecnológica actualizada tiene ventaja.

¿Aventurarse da pie a ideas brillantes pero también a batacazos terribles?
Sólo conocemos las historias de éxito, pero gente que empezó en un garaje la ha habido a millones y sólo cuatro tuvieron éxito.

¿Qué requisitos tiene el negocio tecnológico para ser rentable?
Volumen, porque sólo funciona bien si tiene escala. La tecnología pide escalabilidad: si sois 10 usuarios no es rentable.

¿Y si son 10 que pagan mucho dinero?
Dudo que la tecnología sea crítica. La tecnología tiene ventaja competitiva en la escalabilidad.

Usted ha declarado que ve el futuro de la universidad comprometido, que la universidad no tiene futuro.
La universidad entendida como centro de formación, puede seguir todo el tiempo que haga falta, pero se le acabará la exclusiva de la certificación. ¿Tu eres periodista porque la universidad lo reconoce o eres periodista porque has estado unos años trabajando y el colegio profesional lo acredita?. En la expedición de títulos la universidad tiene un monopolio concedido por el Estado, y esto me parece medieval.

¿Esta visión no tiene peligros?
¿Cuáles?

Cualquiera puede hacer preguntas y escribir, pero por ejemplo en el campo de la medicina si no hay control la cosa ya se complica.
No digo que puedas actuar sin certificar, digo que es un error que sólo pueda certificar la universidad. Si el Hospital de San Juan de Dios me dice que eres un buen oncólogo quizá me lo crea. Regulemos quien puede certificar, pero que sólo lo pueda hacer la universidad me parece dudoso.

 

Recibes lo que das

julio 20th, 2014 by genisroca

diariAraLa siempre inquieta Bibiana Ballbé me entrevistó hace poco para la contraportada del periódico Ara, y enriqueció el texto proponiendo a Hey Studio que le aplicase su diseño. El resultado se puede consultar en la edición en línea del periódico. Reproduzco aquí mis aportaciones y me abstengo de incluir su aduladora introducción, que se la agradezco y mucho.

 

LOS NEGOCIOS

Internet ya no es una oportunidad de negocio: es una necesidad del negocio

Si tienes un negocio, internet te transforma o te hace desaparecer. La red obliga a las empresas a revisar sus procesos internos y su manera de relacionarse con los clientes, a inventar nuevos servicios y productos y a reconsiderar el modelo de negocio. Cambia o muere.

Las buenas oportunidades de negocio están en las ideas que aún son ilegales. Airbnb, Uber o los usos que Amazon quiere hacer de los drones demuestran que las ideas transformadoras luchan contra la ley.

El verdadero petróleo de Internet son los datos. Todo lo que hacemos en digital deja registro o rastro, y el verdadero interés no está en tener likes, fans o followers, sino en saber más de nosotros (para servirnos mejor).

 

EL CONTEXTO

No es que “todo está por inventar”, en realidad “todo está por hacer”

La red nos hace mejores. Siempre ha habido mucha gente buena. La novedad es que ahora la red permite que se conecten entre ellos.

La ciudadanía es el verdadero laboratorio de innovación. A diferencia de la Revolución Industrial, ahora la tecnología está al alcance de la mayoría y no sólo de una minoría, y es la ciudadanía quien dirige el verdadero laboratorio en el que se están explorando los nuevos usos y las nuevas oportunidades.

La participación en la red aún es banal. El verdadero objetivo es transformar la realidad, y esto no lo conseguiremos con sólo poner muchas veces “me gusta” en una foto o haciendo que un término se convierta en trending topic quien sabe dónde por un breve instante.

 

LAS PERSONAS

La tecnología no nos ha cambiado. La hemos inventado porque queríamos un cambio.

Recibes lo que das. Vales lo que vale tu red. Debes ser un nodo de una red, y tu alcance es el de tu red. Para pertenecer a ella debes aportar alguna cosa, y la unidad de medida es el conocimiento y la actitud. Recibes lo que das. Siempre ha sido así. También en Internet.

Se aprende más del grupo que en grupo. La mejor manera de aprender no es ir un día a una clase, sino pertenecer a un grupo y estar dentro de un flujo de conocimiento. Para aprender antes buscabas un profesor, ahora buscas cuál de tus compañeros te puede ayudar.

Soy de dónde participo.  Y cada vez participo más en Internet. Somos lo que hacemos. Y cada vez hacemos más cosas en la red.

 

CITAS

“El hombre es más hijo de su tiempo que de sus padres” Baltasar Gracián

“La inteligencia es la habilidad de adaptarse al cambio” Stephen Hawking

“Sed modernos, leed a los clásicos” J.V. Foix

 

Esto no va de likes

julio 14th, 2014 by genisroca

sobiraniacatSobirania.cat. 10 anys de la revolta política catalana a Internet‘ es el nuevo libro del periodista Saül Gordillo, que escribe una crónica del impacto de los medios digitales y las redes sociales en el proceso soberanista catalán y cómo se interrelacionan. Saül me pidió que hiciese una aportación, a modo de epílogo, en la que intentara apuntar algunos de los retos de futuro. Este ha sido el resultado:

 

Esto no va de likes

Internet ha hecho posible que por primera vez en la historia, de manera masiva, cualquiera de nosotros pueda elevar a público un contenido sin necesidad de ningún tipo de edición o supervisión previa. Todos tenemos en el bolsillo la tecnología necesaria para producir y publicar un contenido –sea texto, foto, audio, video, el código de un programa o una base de datos– sin excesiva dificultad técnica ni ecónomica. Esto ha incomodado a más de uno, pero es una revolución imparable que modifica cómo se genera la información y cómo se distribuye. El acceso a la información y los consiguientes estados de opinión ya no dependen sólo del editor de un periódico o de un telediario. Si la imprenta quitó a los monasterios el control del conocimiento, Internet ha quitado a las oligarquías la capacidad de bloquear una información.

Este hecho guarda fuertes correlaciones con la profunda transformación económica y social que estamos viviendo. Muchas de las variables que ordenan nuestro entorno se están viendo profundamente modificadas: la información, la tecnología, la educación, la economía, el trabajo… y todo ello impacta de manera relevante en aquello que nos define y configura como sociedad: la identidad, la pertenencia, la participación, la colaboración, la autoridad, la propiedad…

Este libro relata cómo la red ha ayudado a vertebrar un sentimiento de país, cómo ha estado herramienta de movilización y cómo los flujos digitales han ayudado a consolidar ideas y sentimientos. Aquellos que aún creen que Internet es un medio frío, técnico, amorfo, banal y superficial harán bien en observar cómo la red es un espacio de relaciones donde la gente juega, se enamora, aprende, trabaja, se ayuda… un espacio vital. No hay un mundo físico por un lado y un mundo digital por el otro, sólo hay un mundo y es un mundo en red, con una nueva capacidad de establecer conexiones que va más allá de lo que nadie haya podido imaginar.

Pero estamos a duras penas empezando a construir este nuevo mundo. Tenemos mucho trabajo pendiente, muchas lecciones que aprender, muchas novedades que incorporar y muchas batallas que ganar. Ahora apenas estamos empezando a expresarnos en la red, y ya hemos experimentado su potencial pero también algunos problemas: cada vez hay más voces y cuesta diferenciar las que tienen algo relevante que decir, pero sobre todo hemos comprobado que no siempre es útil expresarse en público. Cada vez diferenciamos más claramente aquello que decimos “en abierto” (en espacios como Facebook o Twitter) de aquello que decimos “en cerrado” (en espacios como Whatsapp o los chats). Aumenta nuestro uso de Internet, pero hartos de sentirnos monitorizados nos orientamos mayoritariamente hacia los canales privados de comunicación. El espacio digital tiene espacios abiertos y espacios cerrados, y la conversación en los espacios abiertos es cada vez más interesada, más pensada y más intencionada. Siempre hemos hablado de la diferencia entre opinión pública y opinión publicada, y durante un tiempo ha parecido que en las redes sociales podíamos encontrar la opinión pública, mientras que en los periódicos encontrábamos mayoritariamente la opinión publicada. Pero esto está cambiando de manera muy rápida. En las redes sociales encontramos cada vez más opinión publicada y menos opinión pública, pues la opinión espontánea y libre ha ido a los chats y a los canales privados, buscando que nadie la monitorice y sobre todo que ningún desconocido intente clasificarnos o estudiarnos. Internet es el nuevo medio, una nueva cabecera donde la gente publica su opinión pública (y no tanto la privada). Un espacio donde proliferan los datos y las opiniones, y donde cada uno de nosotros tiene que hacer de editor y escoger aquellas fuentes de información que considera solventes y aquellas otras que no le merecen confianza. Una tarea ardua para la que no todos estamos preparados, y que pide unos aprendizajes que como sociedad aún no tenemos consolidados. Han sido muchos años, décadas, siglos, en que la información nos llegaba masticada por apenas tres o cuatro cocineros, y ahora de repente nos dejan ir al mercado y está por ver si sabremos escoger la verdura más fresca entre tanto tenderete. Lo que está claro es que hasta ahora comíamos demasiados precocinados.

La otra novedad es que la red también modifica la manera de movilizarnos, y la Vía Catalana es un buen ejemplo. Internet nos permite no sólo emitir y recibir información y opiniones, también nos permite actuar. Hay una cierta distancia entre leer un periódico y actuar, y esta distancia es mucho más corta en Internet porque el mismo dispositivo que nos permite leer también sirve para hablar con gente, hacerles llegar propuestas, consensuar cosas, hacer una agenda… y esto es lo que ha hecho la ciudadanía de nuestro país: utilizar la red para movilizarse de mil maneras, como bien demuestra el libro que tienes en las manos. Internet es un espacio de información, pero también puede ser un espacio de actividad.

Así pues, el espacio digital es un espacio de información pero también de actividad y de relaciones, y esto lo convierte en un elemento esencial en la construcción de nuestra identidad. La conciencia de esta identidad antes se construía básicamente alrededor del idioma, la nación, el territorio o la religión, pero ahora también se construye, y de manera muy sólida, allí donde tenemos un mayor entramado de relaciones e interacciones. Y esto es Internet, un espacio digital que nos ofrece claras posibilidades para resolver procesos de deliberación, mecanismos de participación tanto formal como informal, e incluso mecanismos para la toma de decisiones. Y esta es la nueva frontera a explorar, porque las actuales soluciones de participación y representatividad son claramente insuficientes.

Es dudoso que la patronal represente los intereses de todos los empresarios, pues los mecanismos de participación de estos empresarios son débiles si los comparamos con las actuales posibilidades. Y lo mismo pasa con los sindicatos, los ayuntamientos o el Barça. Votar cada cuatro años ya no es suficiente, de la misma manera que tampoco se trata de consultarlo todo a todo el mundo cada vez. Es necesario redefinir los procedimientos sociales, y para conseguirlo deberemos superar la actual etapa de participación banal en la que nos encontramos. Es tan fácil abrir un blog, poner un comentario a una noticia, hacer un tweet o incluso convertirse en trending topic, que mucho de nuestro potencial para participar se está desaprovechando. En lugar de centrarnos en el canal (dónde participamos) debemos empezar a ser más exigentes en el proceso de participación (cómo participamos y para qué servirá). La participación debe tener la ambición de influir para modificar la realidad. Y esto no pasa por gritar más, ni en más sitios, sino por cómo se han diseñado los procesos de participación en los que nos involucramos. Es preferible una campaña de micro-donaciones para conseguir que Isona Passola haga una película que nos explique al mundo, antes que un llamamiento para que un término sea trending topic. Es mejor ayudar al Col·lectiu Emma a explicar el proceso catalán en los medios de comunicación de mundo, que hacer likes en fotos donde sale una bandera. Debemos ser más exigentes con el concepto de participación, y debemos tener la voluntad de trascender con nuestro esfuerzo. Modificar la realidad, tanto si se trata de la independencia de Catalunya como de conseguir impulsar una nueva línea de investigación médica, pide un paso al frente de los que pretenden nuestra participación, pero también de los que queremos participar. Esto no va de likes.

Internet continuará evolucionando. Cada vez es más evidente que estaremos permanentemente conectados ya sea con el teléfono, las gafas, el reloj, la ropa o la nevera. Y también es evidente que cada vez habrá más cosas actuando en la red: trenes que dicen cuándo llegarán, semáforos que saben que viene una ambulancia, contenedores de basura que avisan cuando están llenos, tiritas que dicen si vas alto de azúcar… lo relevante ya no será tener esta información, sino qué hacemos con ella. Si realmente somos capaces de redirigir el tráfico, si sabremos optimizar las rutas de recogida de la basura o cuánto tardaremos en llevar a nuestro hijo al médico. La tecnología de la información nos ha de llevar a la acción. Catalunya está explorando qué significa acción ciudadana en tiempos de redes. Somos un auténtico laboratorio social y sin duda muchos países nos están observando para entender cómo son los movimientos ciudadanos en una sociedad conectada. La otra cara de la misma moneda es que los Estados también exploran cómo investigarnos y espiarnos gracias a la red (no es necesario recordar el caso Snowden), lo cual demuestra que realmente todos estamos volviendo a definir las reglas del juego. La ciudadanía explora nuevas formas de información y participación, y las oligarquías exploran nuevas formas de control. Estamos repensando los derechos y están rehaciendo las leyes. La ciudadanía hará bien en personarse –aún más– en las nuevas leyes que tenemos o deberíamos tener como la propiedad intelectual, el derecho al olvido, la neutralidad de la red, la protección de datos y un largo etcétera. Todo está en construcción y debemos personarnos como parte interesada. Tenemos la red a nuestro favor para organizarnos y actuar.

La principal novedad de la revolución que estamos viviendo es que la tecnología que la hace posible está al alcance de casi todo el mundo, y esto no pasó con la anterior revolución industrial en que la tecnología quedó bajo el control de una minoría. Quien tenía el control de la tecnología fijó las reglas económicas, laborales, sociales y culturales. Ahora tenemos acceso a la tecnología, y por tanto debemos aspirar a participar en la configuración de las nuevas reglas económicas, laborales, sociales y culturales.

 

 

Sobre big data, bibliotecarios y documentalistas

julio 10th, 2014 by genisroca

ItemNo hace mucho Albert Díaz Mota y Mireia Siles Planas me entrevistaron para el número 57 de la revista Item del Col.legi Oficial de Bibliotecaris i Documentalistes de Catalunya, para hablar sobre big data. Este es el resultado de aquella agradable conversación:

 

¿Cómo podemos definir big data? ¿Hasta qué punto estamos hablando de un fenómeno nuevo?

El lenguaje esconde trampas. Cuando dices big data hay la idea de «vaya, ahora eso de gestionar se tendrá que hacer con datos», pero si tu ahora vas a Caprabo, por ejemplo, y les dices: «Lo que deberías hacer es coleccionar datasets porque ya no es posible gestionar sin datos, etc.»,yo creo que en una de estas te va a bajar un tortazo.

Hay un amplio sector empresarial que lleva muchos años gestionando con datos, y la sola insinuación de que no lo hacen o no lo hacen bien es para levantarse y largarse. Piensa que empresas como Damm, Gas Natural o “la Caixa” tienen perfiles demográficos de cada uno de nosotros, nos tienen identificados y clasificados. Si vas a una empresa de telefonía te ofrece tarifas que vienen dadas por un análisis previo cuantitativo de perfiles poblacionales. Hay una volumetría de datos espectactular. Creo que hay toda una cultura empresarial que está gestionando con datos desde hace más de 80 años y ahora llegan cuatro y quieren dar lecciones a gente que no ha tomado nunca una decisión sin un dato al lado.

En definitiva, creo que cuando hablamos de big data se aprecia mucha arrogancia. El profeta digital utiliza a menudo un tono más propio de quien da una lección a los otros sobre como deben hacerlo o dejar de hacerlo, y dan un poco de rabia. Poner en duda que haya sistemas generales de decisión por datos me resulta excesivo. Y me ha parecido ver, alguna vez, que quien hablaba de big data reñía a los otros por no utilizar los datos. Esto me molesta mucho.

 

¿Por tanto el big data no existe, o como mínimo no existe como concepto nuevo?

Estamos de acuerdo en que lo digital genera un flujo de datos nuevo. Las cosas que hacíamos analógicamente las hacíamos y punto, pero ahora al hacerlas generamos un flujo de datos distinto. Por ejemplo, el mero hecho de tener un teléfono móvil en el bolsillo genera, por triangulación de datos con las antenas de telefonía, una serie de datos de itinerancia de la población que antes, para saberlas, requería poner un becario en una esquina de la calle a contar personas. La pregunta que creo se debe hacer es: «El nuevo flujo de datos, ¿lo has incorporado a tu toma de decisiones?». Pero el nuevo, porque de datos tenemos muchos.

 

¿Y se están incorporando estos nuevos datos a la toma de decisiones?

No. No, porque en la mayoría de empresas que conozco no existe la unidad de procesamiento de datos, y el dato digital pide proceso. El mercado tradicional de datos hace estudios de mercado, oportunidad de un producto, percepción de la marca, intención de voto… Hay una industria relacionada, en la cual el empresario contrata una empresa especializada para que haga una explotación de datos, a través de una anállisis cuantitativo, y retorne un resultado. En cambio, este flujo de datos digital aún no tiene la infraestructura de operadores que preste el servicio. La mayoría de empresas tiene el dato, porque todo el mundo que compra en Caprabo, por ejemplo, pasa la tarejta cliente, pero no hay un operador que cocine este dato.

 

¿Quién debería hacerlo?

Aquí veo muchas oportunidades. Lo que pasa es que los empresarios no lo ven claro porque hay mucha incertidumbre legal. Piensan que les puede acarrear problemas. Y yo mismo también tengo muchas dudas sobre lo que es legal y lo que no. Por ejemplo, sé que es ilegal tener una base de datos que registre opciones personales no declaradas. Si apunto el nombre de una persona, no pasa nada. Pero si pongo: «Yo diría que tiene aspecto de homosexual», me acabo de meter en problemas. Y me parece bien. No está claro si se pueden capturar este tipo de datos; es un territorio peligroso.

Por otra parte, quizás la empresa tiene la certeza de que esto tiene valor pero no sabe exactamente cuál. Y si ha de venir un tercero a analizar la base de datos… quizás no es legal o quizás sencillamente no queremos que lo haga… Quizás le estamos dando demasiada información, y además, qué precio le debemos pagar? O es él quien nos debería pagar por propocionarle estos datos? Y para acabar de complicarlo, los datasets son realmente interesantes cuando los cruzas con otros. Y esto aumenta aún más el estrés legal.

 

¿Existen aquí empresas dedicadas a hacer análisis de datos?

Y tanto. Existen, y muchas. Accenture tiene una unidad de negocio en Barcelona, en Sant Cugat, que nadie sabe que es de referencia mundial. Cuando murió Michael Jackson, alguien de la discográfica llamó a Accenture para que calculase cuántos ejemplares de CD debía imprimir, mercado por mercado, país por país, en base a datos sociodemográficos, perfiles de consumo, etc. Y la empresa lo hizo. Por tanto están muy cerca.

 

Y trabajan más fuera que aquí…

Bien, trabajan para empresas que tienen muy claro qué quieren, cómo se hace… Diríamos que hay un territorio muy profesional y otro más amateur. Pongamos por caso una empresa como Mango, en Catalunya. ¿Gestiona con datos? Seguro. ¿Ha incorporado el flujo digital en su sistema de datos? No estoy tan seguro.

¿Qué hace que una empresa lo incorpore? La oportunidad. ¿Qué quiere decir la oportunidad? La contribución a resultados. Pongamos el anterior ejemplo de Accenture. La discográfica quería vender el máximo número posible de discos, pero no quería ni estampar más de la cuenta ni quedarse corto. El negocio era suficientemente grande como para encargar un esfuerzo adicional de proceso porque estamos hablando de mucho dinero.

 

Pero sólo habamos de empresas o de conseguir un beneficio económico. ¿Nos puedes dar otros ejemplos?

Ahí donde la empresa privada dice big data, la administración pública dice open data. Si trabajas en la administración pones el acento en el open, y si trabajas en la industria el acento lo pones en el big.

Esto demuestra a qué se dedica cada uno. Quien se orienta a la palabra open lo que le preocupa son los usos, mientras que quien se orienta a la palabra big lo qu le preocupa es la envergadura, el proceso. Son dos miradas muy distintas.

El modelo open me parece un poco naïf, a veces. Yo lo deseo, lo defiendo, creo en él, pero no sé como lo pagaremos. Mira por ejemplo las smart cities o ciudades inteligentes. Smart city es un concepto que se basa en la sensorización de la ciudad para crear una nueva capa de servicios. Tendrán un montón de semáforos en Barcelona, o tapas de alcantarillado, o árboles, que te dirán cosas como por ejemplo el volúmen de tráfico que hay en la Diagonal. Creo que este proyecto es consecuencia directa del parón en la contratación de obra pública por parte de la administración. Tenemos un tejido de veinte grandes empresas de ingeniería que tenían 20.000 empleados y ahora, cuando se acabe la línea 9 del metro o el AVE a Figueres ya no tendrán trabajo.

Todos estos operadores de ingeniería tienen tres opciones: echar a todo el mundo, ir a hacer edifcios a Dubai, o inventarse otro eje de actividad. Las dos primeras opciones ya las están haciendo y las smart cities representarían la tercera opción. Es una Internet que vuelve a la ingeniería, no es una internet social. Sólo hay que ver qué empresas están tras todo ello. La informática industrial y la ingeniería se alían para crear las smart cities, una capa de servicios para el ciudadano.

La idea es interesantísima, pero ¿quién lo va a pagar?. ¿Las ciudades?. Me parece que las smart cities son las nuevas concesionarias de las autopistas.

 

¿Y esto no será open data?

No. 50.000 semáforos generando datos cada dos segundos es big data, pero no será open.

 

Entre el big data y el open data, podríamos situar el data compartido. Este nivel de confianza, que permite compartir datos, ¿ha llegado a suceder?

Creo que la alternativa a la confianza es el mercado. Vodafone sabe cuántos franceses hay en España mediante el roaming y el BBVA sabe cuántos pagos con tarjeta han hecho los franceses hoy en Barcelona, y puede saber la media de su consumo en restauración. Hay diversos clientes para estos datos pero, ¿Vodafone dejará libres estos datos para que otro los pueda utilizar? Yo creo que no. Más bien se crearán datahubs, empresas que comprarán datasets a otras empresas y ofrecerán servicios con ellos. Yo no necesito que Vodafone y BBVA tengan confianza entre ellos. Sólo necesito que creen su dataset legal y lo vendan. Si yo se lo compro, y le añado el de Saba, TMB, etc., tendré el servicio de referencia de información turística de Barcelona. Y como clientes puedo tener centros comerciales, cadenas hoteleras, gremios, Turisme de Barcelona…

 

¿Existe esta industria intermediaria?

Creo que no.

 

Los bibliotecarios-documentalistas, ¿tenemos algo que ver con el big data?

Creo que este es un negocio de letras, no de ciencias. Me interesan las preguntas, no las respuestas. Quien tiene mérito es quien hace la pregunta, no quien procesa los datos para obtener la respuesta. A un abogado lo entrenan para anticiparse a los problemas: ¿y si os separáis?, ¿y si se te quema la casa?. A los médicos los entrenan para detectar síntomas, a los físicos en cambio los entrenan para hacer bien la pregunta. A mi los informáticos que siempre me han gustado son los físicos.

¿Qué le reclamaría al documentalista? ¿De qué es sospechoso? De preocuparse sólo por el objeto que quiere preservar. De dejar que las preguntas las hagan los otros. Tu vendrás a hacerme la consulta y yo te daré lo que necesitas. Pero claro, en un mundo en el que hay gente que explota los datos y gente que hace las preguntas, tener quien te guarde los datos ordenadamente, cuando hay tantos y sabes que no se pueden ordenar, no sé si tiene mucho sentido. Si yo tuviese que mutar, preferiría mutar en alguien que hace las preguntas, porque el otro lado es entrar en un territorio de conocimientos técnicos.

El discurso que nos venden con el big data es que ahora se generarán muchos datos. De acuerdo, pero yo aún no he dicho qué datos necesito. Cuando haga la pregunta, decidiré qué datos recojo. Y hacer preguntas quiere decir entender qué le preocupa al director de un hotel, al director de marketing de una compañía aérea, a un ciudadano que quiere llegar rápido al Parc Güell…

 

¿Cómo deberíamos hacer este cambio? ¿Qué le pedirías a un documentalista para contratarlo?

Sinceramente, no lo sé. Lo que me interesa es una persona resolutiva; tengo un problema y me lo resuelves. Un documentalista busca información y selecciona. Aplicado a datos sería: cómo ayudamos al director de un hotel a decidir en qué idiomas debe tener su web. Deberás buscar las fuentes de información más adecuadas. Si llevas las cinco fuentes correctas serás una persona valiosa.

 

Hasta ahora el documentalista se ha asociado más al mundo académico, universitario, cultural, público… ¿habría que dar el salto al mundo privado?

Eso no lo sé. Yo sólo digo que alrededor del data existirá una industria auxiliar y que será privada. Yo les llamo datahubs, que aglutinarán un conjunto de datos que podrán ser útiles para responder a determinadas preguntas. Creo que serán negocios especializados y locales: un datahub, por ejemplo, de Barcelona. Los datahubs podrían ser las bibliotecas del futuro.