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Hace ya un tiempo que Charlene Li de Forrester Research definió 6 categorías en las que se podía distribuir la población en función de su actitud en la red, en un índice conocido como Forrester’s Social Technographics. La clasificación divide a la población en Creadores (generan contenidos), Críticos (comentan), Colectores (sindican contenidos), Miembros (pertenecen a redes sociales), Espectadores (leen blogs) e Inactivos (nada de lo anterior).
Jeremiah Owyang, otro empleado de Forrester, anuncia que ya son consultables los datos de este indicador, cosa que permite ver qué valores adoptan en cada categoría distintos territorios, distintos segmentos de edad, o incluso los distintos sexos. Combinando estas variables he intentado ver el que podría ser el perfil tipo de los empleados de una empresa de por aquí (es decir, Europa como territorio, entre 35 y 44 años de edad, y sin importar el sexo). El resultado es una suma de porcentajes que no entiendo, porque da bastante más que 100, pero lo que me interesa es la interpretación cualitativa de los bajos valores (apenas un 8%) de aquellos que crean contenidos o los sindican usando los RSS.

Hay que recordar estos datos cuando intentemos impulsar dinámicas de conocimiento compartido en nuestras organizaciones. Apenas un 8% aportará contenidos, y la mayoría quedará totalmente al margen del asunto. Y eso no sólo será normal, sino lógico. Lo contrario es un mito infundado. Fernando Polo reflexionaba en un reciente post sobre los 7 mitos de la Web 2.0, y nos hacía notar que no hay tanta participación, ni lo colectivo es garantía de calidad, y que pocas cosas son originales y más bien domina lo amateur. Y es que el reto de la inteligencia colectiva no depende sólo de disponer de herramientas como los blogs o los wikis. Es bastante más complejo, más difícil y más laborioso. Es cultural, y no tecnológico, y requerirá invertir más tiempo y paciencia que dinero y recursos.
Recientemente Alberto Ortiz de Zárate, Alorza, ha publicado su Manual de uso del blog en la empresa, indispensable para aquellos que aún se preguntan qué papel puede jugar un blog en su desarrollo profesional. Gracias a esfuerzos como el de Alberto, cada vez son más las empresas, organizaciones e instituciones que exploran el uso de los blogs para comunicarse y relacionarse, ya sea con el exterior (sus clientes, su mercado, su entorno) o con el interior (sus empleados, sus colaboradores, sus accionistas).
Se ha escrito mucho sobre algunas de las posibles claves para el éxito de un blog, y la mayoría de los consejos inciden en la conveniencia de escribir de manera regular, atender a los comentarios, enlazar a terceros, o escribir por convicción y no por interés… pero todo ello no resuelve la que acostumbra a ser la duda inicial: ¿qué estilo editorial adoptar?, ¿con qué tono escribir?, ¿cómo evitar el horror vacui ante la hoja en blanco?.
Estas líneas pretenden aportar algunas posibles tácticas –que no estrategias– para esos blogs corporativos, aunque también puede que sean aplicables a aquellos profesionales que quieren impulsar un blog a título personal.
Una vez definido el motivo que impulsa el blog, su línea temática, puede resultar útil imaginar los posibles contenidos intentando adaptarlos a uno de estos seis formatos:
Herramientas y recursos
Posts dedicados a explicar y comentar herramientas y recursos que pueden ser útiles para los lectores. Al estilo de lo que nos ofrece Genbeta, un blog indispensable para descubrir nuevos programas informáticos y nuevas funcionalidades.
Lecturas y conceptos
Reflexiones derivadas de una lectura, una conferencia, un congreso o cualquier otro formato de transferencia de conocimiento. El autor puede hacer la crónica o el resúmen, y enriquecerlo con sus opiniones y reflexiones, como hizo Lola Mola este enero cuando la Catosfera en Granollers, o Enrique Dans al leer el último y genial artículo de Chris Anderson .
Experiencias y buenas prácticas
Comentario de una situación vivida, de un caso real, o de una buena práctica conocida. Es un recurso muy útil, por cuanto permite desarrollar una idea o un concepto a partir de la explicación detallada de un caso concreto, algo que acostumbra a hacer a menudo Juan Freire, quien gusta aterrizar a casos concretos sus siempre lúcidas observaciones.
Entrevistas y testimonios
Trascripción de diálogos y entrevistas con personas interesantes por su relevancia y/o experiencia en el tema tratado en el blog. Este es un formato muy agradecido ya que permite acercar testimonios y opiniones de terceros, y muy viable ya que el intercambio de preguntas y respuestas se puede resolver por correo electrónico con el personaje entrevistado, lo cual amplia mucho el abanico de posibilidades. En este formato destaca el impagable blog de Joan Carreras, con interesantísimas entrevistas a responsables de la radio y televisión pública catalana.
Actualidad y novedades
Comentario de noticias, sucesos o novedades recientemente acaecidas. Es el formato que permite reaccionar de manera rápida a las incidencias del día al día, y que permite evitar la sensación de que nuestro blog vive al margen de la realidad. Como lo que hacen los Microsiervos, en concreto Wicho, cada vez que una lanzadera va al espacio.
Ideas y propuestas
Si fuera el caso, y el autor tuviera una idea. Pero como todos sabemos, esto es bastante inusual, y la mayoría de los que escribimos en un blog nos limitamos a comentar y replicar lo que hemos visto, oído o leído en otra parte. Y es que con blogs o sin blogs, tener algo original que decir es un verdadero reto al alcance de muy pocos. Uno de los que intenta explorar nuevas ideas y proponer conceptos y debates que permitan su desarrollo es Ricard Ruiz de Querol.
Un ejemplo impecable de blog destinado a objetivos profesionales y que combina estos seis formatos es el del anteriormente citado Joan Carreras, que en su Janquim explica con valentía y honestidad el día a día de una organización como la Corporación Catalana de Medios Audiovisuales, así como las ideas y vivencias que considera le pueden ayudar a él y a sus compañeros a mejorar en la gestión corporativa del conocimiento.
Pensar en cuál de estas seis categorías se podrá refugiar lo que escribamos puede servir como fuente de inspiración, y un recurso útil para desbloquear el horror vacui y orientar la creatividad. Un blog que desarrolle estos seis formatos será un blog bastante completo, al menos formalmente. Quedará, como siempre, el reto de aportar valor.
Circulan bastantes tablas comparativas entre lo 1.0 y lo 2.0, esquemas que buscan mostrar de manera clara la existencia de dos maneras distintas de entender un mismo hecho. Estas reducciones de la realidad siempre son opinables, pero son útiles para mostrar de manera rápida que existen diferencias. Reproduzco aquí algunas de las tablas con las que he tropezado últimamente.
Hace ya más de un año que Julen Iturbe publicaba en su Consultoría artesana de la red los rasgos que a su entender diferenciaban una empresa 1.0 de otra 2.0, y en base a los cuales he construido esta tabla:
| Empresa 1.0 |
Empresa 2.0 |
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Web como diseño e información
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Web como comunicación
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Web como tecnología
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Web como uso
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Categoriza y guarda en carpetas
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Etiqueta en forma social
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Organización formal e informal
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Priman las redes sociales reales
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Información
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Sindicación de contenidos
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Patentes y propiedad intelectual
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Copyleft en diversos grados
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Usuarios de TICs
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Usuarios avanzados de TICs
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Gestiona el tiempo
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Gestiona los momentos
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Éxitos
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Éxitos (y fracasos) del momento
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Niveles de autogestión y participación
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Autogestión y participación
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Especialización por procesos o funciones, origen de las diferencias
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P2P, la igualdad como punto de partida
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El objetivo es la versión sin fallos
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El objetivo es la fase beta permanente, nuevos fallos para conseguir nuevo éxitos
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Didac Lee, hermano de sangre ampurdanesa, reproducía esta semana una tabla comparativa entre el Knowledge Work y el Web Work, que podría ser algo así como las diferencias entre el trabajo basado en el conocimiento y el trabajo basado en la red. El cuadro es el siguiente:
| |
Trabajo basado en el conocimiento |
Trabajo basado en la red |
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La organización
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Corporación. Organización formal de las personas
|
Gente a título individual, o grupos ad hoc de personas
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Estilo de trabajo
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Productividad progresiva, paso a paso
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Explosiones de productividad discontínua
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Unidad
de valor
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Dinero
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Atención
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Modelo de negocio
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Propietario
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Abierto
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Tecnología de la información
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Instalada en local, a menudo cliente-servidor, con procesos predefinidos
e interfaces de usuario complejas |
Basada en web, con combinaciones a medida de diferentes herramientas, con interfaces sencillas
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Prioridad de
la actividad |
El conocimiento
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El relacional
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Proceso
creativo |
Creando, construyendo
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Juntando, ensamblando
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Valor
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Bienes intangibles de información
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Relaciones que agregan, filtran y manipulan bienes intangibles distribuidos
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Por otra parte, Tíscar Lara explica en uno de sus posts que la evidente transformación que están sufriendo los medios de comunicación por el impacto de todo lo tecnodigital implica modificar también los enfoques y las metodologías utilizados para analizar a estos medios de comunicación. Es necesaria por tanto una versión 2.0 de los estudios de medios, y presenta esta tabla comparativa entre los estudios actuales y los nuevos (sacada de Media Studies 2.0 Forum):
| Estudios de medios |
Nuevos Estudios de medios |
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Audiencias activas
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Usuarios activos
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Interpretación
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Experiencia
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Recepción
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Inmersión
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Representación
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Simulación
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Medios centralizados
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Medios ubícuos
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Consumidor
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Participante / Cocreador
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Trabajo
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Juego
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Los efectos de la tecnología están determinados sociológicamente
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La naturaleza de la sociedad está determinada tecnológicamente
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Y para acabar, recordar la tabla comparativa que publiqué hace poco mostrando las diferencias entre alumnos nativos digitales (¿2.0?) y profesores inmigrantes digitales (¿1.0?).
Cae en mis manos un resúmen de un estudio hecho en Estados Unidos sobre redes sociales y educación, Research and Guidelines on Online Social and Educational Netowrking (PDF, 12 págs., 467 Kb), para el que se entrevistaron a 1277 estudiantes de entre 9 y 17 años, 1039 padres, y 250 escuelas.
En él se explica que estos estudiantes adolescentes dedican más tiempo a Internet que a ver la televisión (10 horas a la semana ante el televisor, pero ya son 9 las horas semanales que dedican a las redes sociales, más lo que dediquen al resto de webs y posibilidades de Internet). El 96% de esos estudiantes ha utilizado alguna vez una red social y el 71% dice haberlo hecho en la última semana. Pero lo que me ha sorprendido es que el 50% dice que hablan de los deberes. Es decir, como era de esperar, usan las redes sociales para resolver sus problemas: hacer los deberes que les han puesto en la escuela.
En contraposición, las escuelas prohiben el uso de las redes sociales en sus centros. Sin embargo, según el mismo estudio, muchos profesores ponen deberes que requieren moverse por Internet, y la mayoría de padres y de centros escolares dicen reconocer y aceptar el enorme potencial que estas redes suponen para la educación. Es decir, como era de esperar, no les dejan usar las redes sociales para resolver sus problemas, aunque aceptan que les podrían ser útiles.
Y es que mientras las escuelas reconocen que esto es interesante y que deben analizar como lo incorporan de manera controlada, los alumnos ya lo están usando intensivamente, pero fuera de la escuela. El 30% de los alumnos tiene blog, y un 17% lo ha actualizado la última semana. Un 12% actualiza a diario su perfil en alguna red social o en su propia página personal, y un 25% lo hace semanalmente. Un 12% ha publicado alguna vez una canción propia o un podcast en Internet; un 9% ha publicado la ultima semana algún video de producción propia (y un 22% alguna vez); un 22% ha publicado la última semana alguna foto, dibujo o gráfico hecho por él mismo (y un 49% alguna vez)… los datos son apabullantes. Y las escuelas dicen que hay potencial y que tienen que ver cómo lo incorporan. Cuando crean saberlo, Internet habrá vuelto a cambiar, es decir, la gente habrá vuelto a cambiar.
Mientras, el 84% de las escuelas tienen normas para regular el acceso a los chats desde la escuela; el 81% respecto al uso de la mensajería instantánea; el 62% respecto a la participación en blogs y foros; y el 60% prohibe enviar y recibir mensajes de correo electrónico en la escuela. El 52% tiene normas específicas para prohibir el uso de las redes sociales. Es decir: no hables con tu compañero. Sin embargo, el 69% de las escuelas tiene web; el 49% participa en proyectos on-line con otras escuelas; el 35% usan blogs dentro de un contexto específico de formación; el 22% ha promovido algún wiki en una aula… y el 27% de las escuelas participa en alguna red social de profesores en Internet. Es decir: habla sólo cuando te pregunten.
Estoy convencido de que está pasando exactamente lo mismo en las empresas. La dirección reconoce que hay potencial y explora ciertos usos corporativos, pero no se atreve a dar libertad individual en el uso de estos mecanismos. Mientras la empresa duda, a veces se cae en la tentación de prohibir. En este contexto, hay empleados que arriesgan y exploran estos nuevos territorios a título personal… y la empresa corre el grave riesgo de perderlos (y peor aún, de quedarse sólo con aquellos empleados que no exploran ni arriesgan).
Este verano ya sorprendió la noticia de que la asociación de sindicatos del Reino Unido (TUC) reclamaba que los empleados puedan acceder a redes sociales como Facebook en horas de trabajo. Como ya dije entonces, me gustaría vivir en un país donde esta reclamación la planteara una asociación empresarial.
Con Toni Gutierrez-Rubí estamos enfrascados en un proyecto conjunto que seguro llegará a buen puerto, pero que de momento ya nos está dando interesantes sesiones de trabajo en las que siempre aprendemos algo. En una de ellas Toni tuvo el acierto de buscar el paralelismo entre el funcionamiento de Internet y el de un ecosistema, y la wikipedia lo corroboró al describir ecosistema como un sistema dinámico relativamente autónomo, formado por una comunidad natural y su ambiente físico. Y es que Internet se comporta ya como un ecosistema, muy vulnerable al cambio climático (a los cambios en las estructuras físicas de la red), a la contaminación (el spam), a las enfermedades (los virus), a los accidentes o agresiones (los ciberataques), a los desequilibrios regionales y a la dependencia energética. También se parece cada vez más a la estructura celular y la complejidad de los seres vivos. Con órganos vitales (servidores centrales) y con sistemas nerviosos, musculares y sanguíneos (redes) muy sensibles, muy transmisores y muy interdependientes.
Descubro ahora en Gabinete de Informática este gráfico, que a su vez han sacado de Teemu Arina, en el que muestran visualmente las similitudes entre una organismo y una organización 2.0. Sigo prefiriendo la idea de ecosistema, que permite dar juego a más de un individuo, pero me ha gustado este gráfico:

Recupero algo tarde este informe de Pew Internet titulado A Typology of Information and Communication Technology Users (PDF 281 Kb, 65 pags.), que fue publicado este mayo y del que se habló bastante en su momento (aquí, aquí y aquí). El estudio en cuestión analiza a los usuarios estadounidenses de las TIC, y da algunos datos como que un 8% de ellos son usuarios devotos de las webs participativas y de los dispositivos móviles, y un 23% son usuarios pragmáticos (lo hacen para ser más productivos), lo que suma sólo un 31%. Y es que hay un 49% de los estadounidenses que sólo utiliza TICs muy ocasionalmente.
Según el estudio, en Estados Unidos hay estos 10 tipos de usuarios de tecnología:
Tipo 1: Omnívoros (8%)
Son usuarios de la mayoría de gadgets y servicios de información. Participan de manera voraz en el ciberespacio y desarrollan todo tipo de actividades 2.0 para expresarse en la red.
Tipo 2: Conectores (7%)
Gestionan contenidos digitales y se relacionan con personas a partir de un uso continuado de la red y de los teléonos móviles, y están muy satisfechos de como estas TIC les permiten estar al día.
Tipo 3: Veteranos (8%)
Son usuarios habituales de la red pero no les gusta la telefonía móvil ni la permanente conectividad que ofrecen actualmente las TIC.
Tipo 4: Facilitadores de la productividad (8%)
Tienen una visión muy positiva de como las TIC permiten mejorar la comunicación con otras personas, mejorar la productividad en el trabajo, y ayudan a aprender cosas nuevas.
Estos cuatro primeros grupos suman un 31% del total de la población estadounidense, y según el estudio conforman una élite de usuarios de tecnología. Le sigue una clase media tecnológica, que suma un 20% y que se compone de estos dos grupos:
Tipo 5: Movilcéntricos (10%)
Utilizan a fondo las posibilidades de su teléfono móvil, pero no hacen lo mismo con Internet. Les gusta cómo la tecnología les permite estar conectados con otras personas.
Tipo 6: Conectados pero molestos (10%)
Han invertido mucho en tecnología pero consideran que tanta conectividad es algo intrusiva, y que tanta información en ocasiones es un estorbo.
Y finalmente, hay un tercer bloque poco activo en esto de las tecnologías y que suma un 49% de la población en Estados Unidos. Este bloque se divide en 4 grupos:
Tipo 7: Experimentadores inexpertos (8%)
Han hecho uso ocasionalmente de la interactividad, pero si tuvieran más experiencia quizá harían un mayor uso de la tecnología.
Tipo 8: Ligero pero satisfechos (15%)
Tienen algo de tecnología, pero ésta no ocupa un lugar importante en sus actividades. Sin embargo, están satisfechos con ella.
Tipo 9: Indiferentes (11%)
Pese a tener acceso a la red y teléfonos móviles, sólo utilizan las TIC muy ocasionalmente y lo consideran un engorro.
Tipo 10: Fuera de la red (15%)
Están contentos con los medios anteriores, y no creen que Internet o los teléfonos móviles sean mejores.
Podríamos debatir sobre si en nuestros países la población también se distribuye de esta manera, pero últimamente me parece más interesante observar en una empresa determinada cuántos elementos tenemos de cada tipo. Creo que la dsitribución de los empleados en esta clasificación da una idea muy real del tipo de empresa, del tipo de sector, y sobre todo, de su potencial futuro.
Llevo un tiempo dedicándome a explicar en grandes empresas la conexión existente entre lo que está pasando en Internet y los cambios sociales que se están produciendo, y advirtiendo de las consecuencias que todo ello tendrá en el seno de las grandes organizaciones. Algunas de estas ideas ya han estado comentadas en este blog: que el significado de “saber” ha cambiado de ser capaz de recordar y repetir información, a ser capaz de encontrarla y usarla; que compartir la información también da poder; que hay que colaborar para sobrevivir; que hay información relevante que emana de personas y no sólo de organizaciones; que llegan los nativos digitales… y que todo ello genera por igual tanto oportunidades como tensiones, miedo, cambios, problemas…
Hay otra idea subyacente que aún no he desarrollado aquí: la empresa ya no puede suministrar a sus empleados toda la información que éstos necesitan para desarrollar correctamente sus tareas. La información corporativa ya no es suficiente. Cada cual, teniendo en cuenta su realidad concreta (proyectos, clientes, sectores, equipos, conocimientos previos…) debe montarse su coctail particular de fuentes de información para poder ser competitivo y eficaz. Ese coctail es tan personal y particular que dificilmente la mejor intranet del mundo, el mejor sistema de información corporativa del mundo, podrá igualarlo. Los sistemas internos de gestión de la información y del conocimiento son necesarios, indispensables, pero actualmente deben ser complementados inevitablemente con una gestión personal de la información. Un profesional no puede delegar esa faceta y dejarla en manos de su empresa (al menos un profesional intensivo en conocimiento).
Pues bien. Sorprende que aún hoy muchas de esas grandes empresas y corporaciones impiden el acceso de sus empleados a bastantes de las webs que algunos ya hemos incorporado como ingredientes de nuestro coctail personal para ser más eficaces (sin embargo, no conozco que hagan registros y cacheos para evitar que alguien entre al trabajo con un cuaderno de sudokus). Conozco empresas donde los servicios centrales de sistemas de información impiden que cualquier puesto de trabajo pueda acceder a YouTube. Y en YouTube hay vídeos muy potentes para cualquier oficio del mundo. Conozco empresas que impiden el acceso a SlideShare. Y en SlideShare hay presentaciones muy útiles para desarrollar muchos temas. Conozco empresas desde las cuales no se puede acceder a LinkedIn. Y en LinkedIn se localizan muy buenos profesionales con los que colaborar para llevar un proyecto a buen puerto. Y todo ello no hace más que demostrar que aún estamos lejos de dónde deberíamos estar. O lo que es peor, demuestra que algunas áreas de decisión en empresas del IBEX 35 aún están en manos de directivos totalmente desconectados del mundo real.
Leo en Alianzo la siguiente noticia: La asociación de sindicatos del Reino Unido (TUC) reclama que los empleados puedan acceder a redes sociales como Facebook en horas de trabajo. Me gustaría vivir en un país donde esta reclamación la planteara una asociación empresarial.