Esto no va de likes

julio 14th, 2014 by genisroca

sobiraniacatSobirania.cat. 10 anys de la revolta política catalana a Internet‘ es el nuevo libro del periodista Saül Gordillo, que escribe una crónica del impacto de los medios digitales y las redes sociales en el proceso soberanista catalán y cómo se interrelacionan. Saül me pidió que hiciese una aportación, a modo de epílogo, en la que intentara apuntar algunos de los retos de futuro. Este ha sido el resultado:

 

Esto no va de likes

Internet ha hecho posible que por primera vez en la historia, de manera masiva, cualquiera de nosotros pueda elevar a público un contenido sin necesidad de ningún tipo de edición o supervisión previa. Todos tenemos en el bolsillo la tecnología necesaria para producir y publicar un contenido –sea texto, foto, audio, video, el código de un programa o una base de datos– sin excesiva dificultad técnica ni ecónomica. Esto ha incomodado a más de uno, pero es una revolución imparable que modifica cómo se genera la información y cómo se distribuye. El acceso a la información y los consiguientes estados de opinión ya no dependen sólo del editor de un periódico o de un telediario. Si la imprenta quitó a los monasterios el control del conocimiento, Internet ha quitado a las oligarquías la capacidad de bloquear una información.

Este hecho guarda fuertes correlaciones con la profunda transformación económica y social que estamos viviendo. Muchas de las variables que ordenan nuestro entorno se están viendo profundamente modificadas: la información, la tecnología, la educación, la economía, el trabajo… y todo ello impacta de manera relevante en aquello que nos define y configura como sociedad: la identidad, la pertenencia, la participación, la colaboración, la autoridad, la propiedad…

Este libro relata cómo la red ha ayudado a vertebrar un sentimiento de país, cómo ha estado herramienta de movilización y cómo los flujos digitales han ayudado a consolidar ideas y sentimientos. Aquellos que aún creen que Internet es un medio frío, técnico, amorfo, banal y superficial harán bien en observar cómo la red es un espacio de relaciones donde la gente juega, se enamora, aprende, trabaja, se ayuda… un espacio vital. No hay un mundo físico por un lado y un mundo digital por el otro, sólo hay un mundo y es un mundo en red, con una nueva capacidad de establecer conexiones que va más allá de lo que nadie haya podido imaginar.

Pero estamos a duras penas empezando a construir este nuevo mundo. Tenemos mucho trabajo pendiente, muchas lecciones que aprender, muchas novedades que incorporar y muchas batallas que ganar. Ahora apenas estamos empezando a expresarnos en la red, y ya hemos experimentado su potencial pero también algunos problemas: cada vez hay más voces y cuesta diferenciar las que tienen algo relevante que decir, pero sobre todo hemos comprobado que no siempre es útil expresarse en público. Cada vez diferenciamos más claramente aquello que decimos “en abierto” (en espacios como Facebook o Twitter) de aquello que decimos “en cerrado” (en espacios como Whatsapp o los chats). Aumenta nuestro uso de Internet, pero hartos de sentirnos monitorizados nos orientamos mayoritariamente hacia los canales privados de comunicación. El espacio digital tiene espacios abiertos y espacios cerrados, y la conversación en los espacios abiertos es cada vez más interesada, más pensada y más intencionada. Siempre hemos hablado de la diferencia entre opinión pública y opinión publicada, y durante un tiempo ha parecido que en las redes sociales podíamos encontrar la opinión pública, mientras que en los periódicos encontrábamos mayoritariamente la opinión publicada. Pero esto está cambiando de manera muy rápida. En las redes sociales encontramos cada vez más opinión publicada y menos opinión pública, pues la opinión espontánea y libre ha ido a los chats y a los canales privados, buscando que nadie la monitorice y sobre todo que ningún desconocido intente clasificarnos o estudiarnos. Internet es el nuevo medio, una nueva cabecera donde la gente publica su opinión pública (y no tanto la privada). Un espacio donde proliferan los datos y las opiniones, y donde cada uno de nosotros tiene que hacer de editor y escoger aquellas fuentes de información que considera solventes y aquellas otras que no le merecen confianza. Una tarea ardua para la que no todos estamos preparados, y que pide unos aprendizajes que como sociedad aún no tenemos consolidados. Han sido muchos años, décadas, siglos, en que la información nos llegaba masticada por apenas tres o cuatro cocineros, y ahora de repente nos dejan ir al mercado y está por ver si sabremos escoger la verdura más fresca entre tanto tenderete. Lo que está claro es que hasta ahora comíamos demasiados precocinados.

La otra novedad es que la red también modifica la manera de movilizarnos, y la Vía Catalana es un buen ejemplo. Internet nos permite no sólo emitir y recibir información y opiniones, también nos permite actuar. Hay una cierta distancia entre leer un periódico y actuar, y esta distancia es mucho más corta en Internet porque el mismo dispositivo que nos permite leer también sirve para hablar con gente, hacerles llegar propuestas, consensuar cosas, hacer una agenda… y esto es lo que ha hecho la ciudadanía de nuestro país: utilizar la red para movilizarse de mil maneras, como bien demuestra el libro que tienes en las manos. Internet es un espacio de información, pero también puede ser un espacio de actividad.

Así pues, el espacio digital es un espacio de información pero también de actividad y de relaciones, y esto lo convierte en un elemento esencial en la construcción de nuestra identidad. La conciencia de esta identidad antes se construía básicamente alrededor del idioma, la nación, el territorio o la religión, pero ahora también se construye, y de manera muy sólida, allí donde tenemos un mayor entramado de relaciones e interacciones. Y esto es Internet, un espacio digital que nos ofrece claras posibilidades para resolver procesos de deliberación, mecanismos de participación tanto formal como informal, e incluso mecanismos para la toma de decisiones. Y esta es la nueva frontera a explorar, porque las actuales soluciones de participación y representatividad son claramente insuficientes.

Es dudoso que la patronal represente los intereses de todos los empresarios, pues los mecanismos de participación de estos empresarios son débiles si los comparamos con las actuales posibilidades. Y lo mismo pasa con los sindicatos, los ayuntamientos o el Barça. Votar cada cuatro años ya no es suficiente, de la misma manera que tampoco se trata de consultarlo todo a todo el mundo cada vez. Es necesario redefinir los procedimientos sociales, y para conseguirlo deberemos superar la actual etapa de participación banal en la que nos encontramos. Es tan fácil abrir un blog, poner un comentario a una noticia, hacer un tweet o incluso convertirse en trending topic, que mucho de nuestro potencial para participar se está desaprovechando. En lugar de centrarnos en el canal (dónde participamos) debemos empezar a ser más exigentes en el proceso de participación (cómo participamos y para qué servirá). La participación debe tener la ambición de influir para modificar la realidad. Y esto no pasa por gritar más, ni en más sitios, sino por cómo se han diseñado los procesos de participación en los que nos involucramos. Es preferible una campaña de micro-donaciones para conseguir que Isona Passola haga una película que nos explique al mundo, antes que un llamamiento para que un término sea trending topic. Es mejor ayudar al Col·lectiu Emma a explicar el proceso catalán en los medios de comunicación de mundo, que hacer likes en fotos donde sale una bandera. Debemos ser más exigentes con el concepto de participación, y debemos tener la voluntad de trascender con nuestro esfuerzo. Modificar la realidad, tanto si se trata de la independencia de Catalunya como de conseguir impulsar una nueva línea de investigación médica, pide un paso al frente de los que pretenden nuestra participación, pero también de los que queremos participar. Esto no va de likes.

Internet continuará evolucionando. Cada vez es más evidente que estaremos permanentemente conectados ya sea con el teléfono, las gafas, el reloj, la ropa o la nevera. Y también es evidente que cada vez habrá más cosas actuando en la red: trenes que dicen cuándo llegarán, semáforos que saben que viene una ambulancia, contenedores de basura que avisan cuando están llenos, tiritas que dicen si vas alto de azúcar… lo relevante ya no será tener esta información, sino qué hacemos con ella. Si realmente somos capaces de redirigir el tráfico, si sabremos optimizar las rutas de recogida de la basura o cuánto tardaremos en llevar a nuestro hijo al médico. La tecnología de la información nos ha de llevar a la acción. Catalunya está explorando qué significa acción ciudadana en tiempos de redes. Somos un auténtico laboratorio social y sin duda muchos países nos están observando para entender cómo son los movimientos ciudadanos en una sociedad conectada. La otra cara de la misma moneda es que los Estados también exploran cómo investigarnos y espiarnos gracias a la red (no es necesario recordar el caso Snowden), lo cual demuestra que realmente todos estamos volviendo a definir las reglas del juego. La ciudadanía explora nuevas formas de información y participación, y las oligarquías exploran nuevas formas de control. Estamos repensando los derechos y están rehaciendo las leyes. La ciudadanía hará bien en personarse –aún más– en las nuevas leyes que tenemos o deberíamos tener como la propiedad intelectual, el derecho al olvido, la neutralidad de la red, la protección de datos y un largo etcétera. Todo está en construcción y debemos personarnos como parte interesada. Tenemos la red a nuestro favor para organizarnos y actuar.

La principal novedad de la revolución que estamos viviendo es que la tecnología que la hace posible está al alcance de casi todo el mundo, y esto no pasó con la anterior revolución industrial en que la tecnología quedó bajo el control de una minoría. Quien tenía el control de la tecnología fijó las reglas económicas, laborales, sociales y culturales. Ahora tenemos acceso a la tecnología, y por tanto debemos aspirar a participar en la configuración de las nuevas reglas económicas, laborales, sociales y culturales.

 

 


2 Responses to “Esto no va de likes”

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  1. 1

    Jordi de la Torre

    Participaré. Los poderes (los que mueven el cotarro) conocen la indolencia del populacho. Saben (yo creo que desde el inicio de los tiempos) que un like no requiere formación ni pensamiento crítico, que un like se puede extraer con una apelación sentimental primaria. Saben, que todavía anda lejos ese proyecto participativo de implicación al que tú aludes. Andan preocupados en nuevas fórmulas de distracción para que ellos puedan seguir mandando, aunque estemos en el más comunicativo de los mundos.

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